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viernes, 3 de febrero de 2017

El meteorito que «remató» a los dinosaurios

Hace unos 66 millones de años, el impacto de un gran meteorito contra lo que hoy es la costa de la provincia del Yucatán, en México, provocó la desaparición de un gran número de especies, entre ellas, los dinosaurios. El golpe lanzó millones de toneladas de polvo al aire, tapó el Sol y provocó un enfriamiento global a corto plazo y la pérdida generalizada de la vegetación. Este desastre ecológico hizo que los grandes animales que dependen de la abundancia de las plantas murieran, seguidos de los depredadores que se alimentan de ellos. Esa es la teoría más aceptada por la comunidad científica para explicar la extinción de los dinosaurios. Hasta ahora se creía que la catástrofe les llegó a estos seres en un buen momento, cuando se encontraban en su apogeo, en pleno reinado del mundo del Cretácico. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Proceedings of de la National Academy of Sciences (PNAS) dice que esos reyes de la naturaleza ya se habían quitado la corona decenas de millones de años antes del gran impacto. El asteroide, más que matarles, les remató en su declive.


Mediante el uso de un sofisticado análisis estadístico junto con la información del registro fósil, investigadores de las universidades de Reading y Bristol, en Reino Unido, mostraron que algunas especies de dinosaurios se extinguieron a un ritmo más rápido que las nuevas que fueron emergiendo desde 50 millones de años antes del impacto.
Según explican, si bien la disminución en el número de especies a través del tiempo estaba efectivamente omnipresente en todos los grupos de dinosaurios, sus patrones de pérdida eran diferentes. Por ejemplo, los dinosaurios saurópodos gigantes de cuello largo estaban en el declive más rápido, mientras que los terópodos, el grupo de dinosaurios que incluye al icónico Tyrannosaurus rex, mostraban una disminución más gradual.
«No esperábamos este resultado. Mientras que el impacto de un asteroide sigue siendo el principal candidato para la desaparición definitiva de los dinosaurios, es evidente que ya habían dejado atrás su apogeo en un sentido evolutivo», dice Manabu Sakamoto, paleontólogo de la Universidad de Reading y director de la investigación.
«Nuestro trabajo es innovador porque, una vez más, va a cambiar nuestra comprensión del destino de estas poderosas criaturas. Mientras que un apocalipsis repentino pudo haber sido el último clavo en el ataúd, algo más ya había impedido a los dinosaurios evolucionar en nuevas especies tan rápido como las viejas iban desapareciendo», continúa. «Esto sugiere que decenas de millones de años antes de su desaparición definitiva, los dinosaurios ya habían comenzado a perder su ventaja como la especie dominante en la Tierra».

Erupciones de volcanes

Mike Benton, de la Universidad de Bristol, uno de los coautores de la investigación, cree que los dinosaurios, después de estar presentes en los ecosistemas terrestres durante 150 millones de años, perdieron de alguna manera su capacidad de evolucionar lo suficientemente rápido. «Esto probablemente haya contribuido a su incapacidad para recuperarse de la crisis ambiental causada por el impacto», señala.
La nueva investigación sugiere que, además del choque del asteroide, otros factores, como la desintegración de las masas continentales, una actividad volcánica sostenida y otros factores ecológicos, posiblemente influyeran en la disminución gradual de los dinosaurios.
Esta disminución observada en los dinosaurios habría tenido implicaciones para otros grupos de especies, especialmente para los mamíferos, que encontraron entonces un hueco para progresar y prepararse para sustituirlos como los animales dominantes en la Tierra.
Para Sakamoto, el estudio podría dar una idea de la futura pérdida de la biodiversidad. «Nuestro estudio indica claramente que si un grupo de animales está experimentando un rápido ritmo de extinción, es propenso a la aniquilación si se produce una gran catástrofe. Esto tiene enormes implicaciones para nuestra biodiversidad actual y futura, dada la velocidad sin precedentes en la que las especies se están extinguiendo debido al cambio climático en curso causado por el hombre». Una lección sobre la que reflexionar.

Los dinosaurios murieron en medio del frío y la oscuridad

Hace 66 millones de años, la súbita desaparición de los dinosaurios facilitó el ascenso de los mamíferos, y por lo tanto de nuestra propia especie, que hoy domina el planeta. Si la caída de un gran asteroide no hubiera provocado esa extinción en masa, es más que probable que ninguno de nosotros estuviera hoy aquí. No olvidemos que cuando se produjo la catástrofe los dinosaurios dominaban por completo todos los ecosistemas en tierra, mar y aire. Y ese dominio duraba ya casi 80 millones de años.


Ahora, un equipo de climatólogos ha logrado reconstruir cómo innumerables gotas de ácido sulfúrico se formaron en el aire, a gran altura, tras el impacto de una enorme roca espacial de 10 km. de diámetro contra lo que hoy es el Golfo de México. Y cómo esas gotas lograron bloquear la luz del sol durante varios años, sumiendo al planeta en una época de frío y oscuridad que tuvo graves consecuencias para la vida terrestre. Las plantas fueron las primeras en desaparecer, y la muerte se fue transmitiendo después a través de toda la cadena alimentaria. El estudio se acaba de publicar en Geophysical Research Letters.
Otras teorías anteriores se habían centrado en el polvo y los escombros (de vida mucho más corta), lanzados al aire por el impacto. Pero las nuevas simulaciones muestran con claridad que ese polvo, que debió cubrir casi por completo los cielos, no pudo durar mucho. Las gotas de ácido sulfúrico, por el contrario, sí que pueden provocar un enfriamiento de larga duración, factor que pudo ser determinante en la extinción de los dinosaurios terrestres. Un "mecanismo adicional" para matar pudo haber consistido en una mezcla anómala de las aguas oceánicas, causada por el enfriamiento de la superficie y que tuvo consecuencias nefastas para los ecosistemas marinos.

Punto de inflexión para la vida

"El gran enfriamiento que se produjo tras el impacto del asteroide que formó el cráter Chicxulub, en México, fue un punto de inflexión en la historia de la Tierra -afirma Julia Brugger, del Instituto Potsdam para la Investigación de Impactos Climáticos y autora principal de la investigación-. Ahora, podemos aportar nuevas ideas para comprender la tan discutida causa final de la desaparición de los dinosaurios al final del Cretácico".
Para investigar el fenómeno, loscientíficos utilizaron, por primera vez para estos fines, un tipo específico de simulación informática que se aplica normalmente en diferentes contextos. Un modelo climático que tiene en cuenta la atmósfera, los océanos y el hielo marino. Su trabajo, además, se basó en investigaciones anteriores que demuestran que los gases sulfurosos que se evaporan tras el violento impacto del asteroide contra la Tierra fueron el factor principal en el bloqueo de la luz del Sol y, por lo tanto, en el enfriamiento del planeta.
"Todo se volvió frío -afirma Brugger-, y quiero decir muy frío". Traducido en cifras, esas palabras significan que la temperatura media anual del aire descendió, por lo menos, 26 grados a nivel global. Algo terrible para los dinosaurios, la mayor parte de los cuales estaban acostumbrados a vivir en climas cálidos y de vegetación exuberante.
Justo después del impacto, la temperatura media anual se mantuvo por debajo del punto de congelación del agua durante aproximadamente tres años. Evidentemente, los casquetes polares crecieron, e incluso en los trópicos las temperaturas pasaron de 27 a apenas 5 grados centígrados.
Para Georg Faulner, coautor del estudio, "el enfriamiento a largo plazo causado por los aerosoles sulfurosos fue mucho más importante para la extinción masiva que el polvo levantado por la colisión, que permaneció en la atmósfera sólo durante un tiempo relativamente corto. Y también fue más importante que otros eventos locales de destrucción, como el calor extremo en la zona del impacto, los incendios forestales masivos o los tsunamis".
Por si todo esto fuera poco, también se alteró la circulación de las corrientes oceánicas. Las aguas superficiales, en efecto, se enfriaron, volviéndose más densas y, por lo tanto, más pesadas. Mientras estas masas de agua fría se hundían en las profundidades, el agua más caliente de las capas más profundas de los océanos subieron a la superficie, arrastrando consigo un gran número de nutrientes que condujeron, con toda probabilidad, a floraciones masivas de algas. Resulta plausible que esas floraciones produjeran a su vez sustancias tóxicas, afectando aún más a la vida en las costas. Sea como fuere, se sabe que los ecosistemas marinos sufrieron una severa sacudida que contribuyó a la extinción de numerosas especies, entre ellas las amonitas.
De esta forma los dinosaurios, hasta ese momento dueños de la Tierra, dejaron espacio para el desarrollo de los mamíferos, y más tarde del hombre. El estudio del pasado de la Tierra demuestra también que los esfuerzos para prevenir futuras amenazas procedentes de asteroides tienen algo más que un simple interés académico. "Resulta fascinante - afirma Feulner- ver cómo la evolución se guía, en parte, por accidentes como el impacto de un asteroide. Las extincionas masivas demuestran que la vida en la Tierra resulta vulnerable. Y nos enseña también cómo de importante es el clima para todas las formas de vida de nuestro planeta. Irónicamente, hoy la amenaza más inmediata no viene de un enfriamiento natural, sino del calentamiento global causado por el hombre".

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